2º "LA MAFIA"



Cuartel General de la A S I

Agencia de Seguridad Internacional, Nueva York
22 de Septiembre de 2005
09:41 horas
 
            Salía del ascensor de la agencia de seguridad internacional el director Ulrich Folch, junto a su vaso de café, su chaqueta y un periódico “The New York Times”. Como era habitual saludaba a Constanza Beccaria, que era el primer despacho del pasillo; sin embargo esta mañana no había nadie. Observó hacia el salón y logró divisar varias cabezas, se dio cuenta que todos se encontraban allí reunidos por algún motivo que desconocía.
           
            -“¿qué se supone que estás haciendo aquí?”, preguntó Ulrich a su suegro Henry D’Aviano, quien se encontraba delante de los agentes hablando.
            -“cálmate Ulrich, creo que es necesario que llames a Kofi Anán”, respondió Henry calmadamente.
           
            Ulrich corrió de inmediato a su despacho para comunicarse con el secretario de Naciones Unidas. Cuando pudo hablar con él le increpó de inmediato: “¿qué se supone que hace Henry D’Aviano en mi oficina?”, a lo que recibe como respuesta: “Ulrich, cálmate, si quieres seguir con la agencia debes aprender a trabajar con él. Hay una nueva amenaza terrorista, una organización europea denominada LA MAFIA, ha amenazado con matar a altos dignatarios políticos y otros. Henry D’Aviano, ex director de la unidad antiterrorista de la CIA será de mucha ayuda, dirijirá ASI hasta que esta nueva amenaza sea desbaratada, tú te mantienes por este período como director adjunto”, respondió Kofi Anán al interrogatorio que le propinó el agente Folch.
           
            No dijo nada, colgó el teléfono, se sentó en su despacho. No podía creer que su suegro estuviera ahora en la agencia de seguridad internacional. Se resignó a soportarlo y volvió al salón. Henry D’Aviano ya se había presentado ante todos como el nuevo director. Ulrich se sentó al final del salón y dijo: “señores, nuevas instrucciones, el señor Henry D’Aviano será el nuevo director hasta que detengamos la nueva amenaza, luego podremos continuar con lo nuestro, porfavor Henry dinos la misión”, concluyó Ulrich un poco molesto por su presencia en la oficina, pero resignado a mantenerlo como jefe por algunas semanas hasta controlar la nueva amenaza terrorista.
 
            -“bueno, gracias Ulrich”, dijo Henry D’Aviano, antes de proseguir con la explicación de la nueva misión: “como les había comentado antes: algunos ex líderes del extinto Pacto de Varsovia están traspasando fondos del Kremlin de Moscú a una organización terrorista italiana denominada LA MAFIA. Tiene a lo menos tres líderes conocidos que es preciso capturar con vida: Gregorio DiMarco, Konan Kosciuzco y Roger Nadal. Su área de influencia llega desde Italia hasta la costa atlántica de los Estados Unidos. Se adjudicaron un atentado contra Silvio Berlusconi en Roma que resultó fallido y han anunciado ataques masivos contra el capitalismo e imperialismo que ejerce en el mundo nuestro país…”, intentaba proseguir explicando cuando es interrumpido por Constanza.
 
            -“señor D’Aviano, pero eso suena a simple misión del FBI o de la CIA, no de nosotros”, dijo la joven ante la explicación de nueva amenaza que entregaba Henry a los agentes de la ASI.
            -“señorita Beccaria, la ONU quiere detener a La Mafia como de lugar”, respondió Henry.
            -“¿qué pasará con Facción 13?”, preguntó Marcus Jenkinson.
            -“puede esperar, su misión anterior fue suspendida por no presentar riesgo alguno para las naciones del consejo de seguridad de la ONU, ahora la misión es La Mafia”, respondió ahora más tajante el nuevo director de la ASI.
            -“bueno señores”… dijo Folch y prosiguió: “cuanto antes detengamos a La Mafia, antes volveremos a nuestro trabajo, García a buscar todo lo que…”, justo en ese instante es interrumpido por Henry D’Aviano.
            -“perdón Ulrich, pero ahora soy yo quien da las órdenes aquí… hoy dan una cena de caridad en la isla de Córcega, en la hacienda de DiMarco. Ulrich, Beccaria asistirán y traerán toda la información que puedan. Galway y Barrow a buscar amenazas de la Mafia sobre Estados Unidos y todas las pistas de sus posibles miembros en este país. Marcus, dirígelos desde aquí”, luego de dar las nuevas órdenes se retira al despacho que era de Ulrich, donde se encerró. Folch no quiso ir a buscar su chaqueta a su oficina para no toparse con él, prefirió ir con su equipo a la azotea, abordar el helicóptero que los llevará al aeropuerto para el viaje a Roma. Sin embargo, antes de salir de la oficina se acercó al despacho de Marcus, entra y cierra la puerta esperando que nadie lo viese y que nadie lo escuchase.
 
            -“¿qué pasó con Hamani?”, preguntó Folch.
            -“avisó que llegaría un poco más tarde, tuvo un problema familiar según dijo García”, respondió el agente Jenkinson.
            -“contáctalo, que no venga, que no aparezca por la oficina. A Henry lo enviaron de la ONU y el secretario Anán no sabe que contraté a Hamani del Mossad judío, porque no estaba contemplado y porque fue de última hora. Úsalo para que siga con Facción 13 desde fuera, ayúdalo, pero que no se entere Henry… no vamos a dejar que F13 haga lo suyo porque venga mi suegro a ordenarnos juegos de niños”, dijo Ulrich antes de irse.
            -“sí señor, yo me encargo”, respondió Marcus, luego Ulrich se va al helipuerto para trasladarse a su nueva misión.
 
Cuartel General de Facción 13
Yereván, Armenia
22 de Septiembre de 2005
10:11 horas
 
            Se encontraba Elisa D’Aviano en su despacho, esperando que llegara Melanie. Al momento en que su brazo derecho ingresó a su oficina le preguntó donde se había metido los últimos días. Melanie McKenzie había viajado a Estados Unidos para pedirle al resto de la Cofradía retirar a Folch de encima de Facción 13 para poder lograr sus objetivos sin pormenores; sin embargo, su conexión con la Cofradía no podía ser conocida por Elisa, quien desconoce que su agencia terrorista deriva de un grupo de poderosos políticos mundiales. Melanie tuvo que inventar que estaba intentando recuperar el cáliz de Cristo, que había viajado a Nueva York para ver la posibilidad de robarlo de las dependencias de la agencia de seguridad internacional, sin embargo le había sido imposible hacerlo, ya que el grial desapareció de los laboratorios de la ASI.
 
            Elisa le creyó su historia, también se había enterado que el cáliz había desaparecido ante los ojos de los científicos que lo estudiaban y claro, si Emily había ocultado el grial nuevamente y antes de esconderlo ella misma en Francia, lo puso en la cueva Merlín en Tintagel, por lo que nadie jamás lo ha encontrado.
 
            Tras un poco de charla acerca de acontecimientos de actualidad, Elisa va a lo relevante y le pregunta si tiene algún otro negocio que lograr para obtener recursos. Melanie rápidamente pensó en algo extremadamente valioso para robarlo y supuso las joyas de la corona británica; Elisa la observó algo dudosa, ya que las joyas de la reina Isabel II no son las más fáciles de robar, pero si son costosas y con esos fondos podrían encontrar el “ojo”, que es lo que tanto busca Facción 13 para poder dominar el mundo; lo que Melanie no sabía era que Elisa si conocía de su conexión con el grupo de poderosos llamado “La Cofradía”, sin embargo pretendía demostrar su ignorancia al respecto para ver hasta donde pueden llegar con la farsa que ella misma está ayudando a sostener con la única finalidad de averiguar quien traicionó a la CIA y porqué fue culpada ella.
 
            Iniciaron los preparativos para robar las joyas británicas. Melanie tomaría contacto con Carmen SanDiego, una de los mejores ladrones del mundo, que ya les ayudó antes a robar el libro sagrado del grial de la biblioteca secreta del Vaticano.
           
            Para Carmen, robar las joyas de la reina Isabel era juego de niños, estaba acostumbrada a ese tipo de fechorías. Melanie, por su parte, viajó hasta Moscú donde había importantes coleccionistas de antigüedades valiosas, algunos de origen cosako, que estarían dispuestos a pagar el precio que fuere por tener las joyas de la corona inglesa.
        
     
Hacienda DiMarco, Isla de Córcega
23 de Septiembre de 2005
22:00 horas
 
            Saludando a todos los presentes llegó a la cena de caridad el agente Ulrich Folch, acompañando del brazo por una estupenda Constanza Beccaria. Ambos vestido de fiesta, relucientes joyas y en un BMW color plateado que los dejó en la puerta de la casa de la hacienda de Gregorio DiMarco. Un garzón le abrió la puerta del vehículo a cada uno y luego trasladó el automóvil hasta el estacionamiento. Minutos más tarde, el agente Galway llegaba con su terno plomizo y corbata color anaranjado, muy elegante y sólo, a la misma fiesta, simulando no conocer a nadie.
           
            Saludaron a muchas personalidades, políticos varios, como Lamberto Dimi del partido Forza Italia, o Giulio Andreotti de la democracia cristiana; algunos religiosos como Angelo Sodano, secretario del estado Vaticano; algunos actores de renombre, cantantes como Lucciano Pavarotti entre muchos otros millonarios que venían a la cena de alta sociedad en beneficio de una obra caritativa de la iglesia católica, de la orden benedictina, en la isla de Córcega, con los niños huérfanos de la zona. DiMarco patrocinaba este tipo de situaciones en su hacienda muy a menudo, él era huérfano desde los tres años y ayudaba mucho a causas benéficas que fueran en ayuda de este tipo de desvalidos.
 
            A pesar de las buenas intenciones de todos los presentes, el contingente de seguridad contratado por DiMarco para la ocasión era increíble. García logró detectar en los guardias una señal de radio que los unía, los cuales usaban un dispositivo al interior del oído medio, pasando desapercibidos por los invitados. Se desconocía quien era de seguridad y quien un millonario filántropo invitado a la cena. Sin embargo García logró mencionar esto a Galway y avisarle que eran más de cuarenta los dispositivos detectados hasta ahora. James miró hacia todos lados, no vio nadie sospechoso; los únicos con aspecto de guardias de seguridad eran los escoltas de la entrada, los garzones y quienes llevaron los vehículos hasta los estacionamientos; pero en total no sumaban más de diez o quince personas. Galway se acercó a Beccaria y le pide un momento para bailar, ella mira a Folch quien conversaba con Giulio Andreotti, un anciano político italiano y tras un gesto que le permitía a Beccaria ir a bailar con Galway ella se retira. Durante el baile, James le comenta lo que García le había explicado, la cantidad de guardias existentes en la fiesta, ella observó de inmediato a todos lados, tampoco advirtió la presencia de tanto personal de seguridad.
 
            La casa estaba muy bien protegida, a la entrada habían dos guardias y al parecer no existían más lugares por donde entrar, a menos que supiera volar hasta el segudo piso e ingresar por la única ventana abierta de la propiedad, el balcón principal, la habitación de DiMarco. Sin embargo, llegar hasta allí sería más que dificil.
 
            Beccaria dejó de bailar con Galway para volver al lado de Ulrich, quien había ampliado el espectro de conversación con dos políticos más. Le comentó al oído lo que había conversado con James, Ulrich también observó rápidamente a su alrededor, pero con un rostro menos preocupado que el de sus compañeros, él tenía vastos años de experiencia en esto. De pronto, Constanza se dio cuenta que DiMarco le había examinado minuciosamente mientras bailaba con Galway y luego que dejó de hacerlo envió a uno de sus guardias para invitarla a bailar. Ella se dio vuelta ante la mano de un hombre que le llamó: “signorina, scusa”, dijo la voz del hombrecillo que fue a buscarla. “¿si?”, preguntó ella en español sin hablar un pizca de italiano; “signore DiMarco chiede balare con te” (el señor DiMarco desea bailar con usted), dijo denuevo el hombrecillo, ella no entendía nada de esa lengua, Folch se vuelve a ellos y le dice: “signore, ma amore dici che si” (señor, mi señora dice que si) y obsevando a Constanza le dice: “ve y baila con DiMarco”, ella asiente con la cabeza y sigue al hombrecillo que le fue a escoltar.
 
            Se acercó a DiMarco, quien le saludó con un beso en entre rostro y cuello, casi seductor. Ella no hizo ningún gesto de repudio. Él era un hombre más bien apuesto, un galán italiano. Bailaron un poco, él se disculpó por enviarla a buscar así, luego conversaron de la procedencia argentina de ella. DiMarco si sabía hablar español, a diferencia de sus sirvientes. Luego encontró la forma de entrar a la casa. Sin que él se diera cuenta cogió su collar y lo rompió, cayendo todas las perlas al piso, DiMarco de un susto por lo ocurrido se da vuelta a verla y ella le hace derramar su copa de vino sobre su vestido blanco invierno. Él avergonzado por lo ocurrido le pide que pasen a la casa donde le conseguiran ropas nuevas y que luego pasarán por su habitación a ver algunas joyas que pudiera usar de la fallecida señora DiMarco.
 
            Una vez que ingresó, Galway se comunica con Nueva York y les dice: “Beccaria ya está dentro”, luego de eso García activa el interno de Constanza para que Marcus Jenkinson la guie al interior de la casa en lo que debe hacer. Los comunicadores internos de Folch y Beccaria estaban apagados hasta que alguno entrara en la casa. García sospechaba que en la puerta de entrada iba a ser detectado cualquier artefacto de ese tipo que llevara alguien, por esa razón prefirieron esperar estar dentro para encenderlos.
 
            En la habitación de DiMarco él le enseñó algunos de los collares de perlas y diamantes que usó alguna vez la señora DiMarco, fallecida hace más de siete años. Ella observó la habitación, vio en la pared un retrato de la mujer del mafioso tamaño natural y de cuerpo completo, se veía maravillosa. El resto de la habitación se notaba que faltaba un toque femenino. Eligió un collar con algunos diamantes pequeños, luego llegó una de sus sirvientas con un vestido blanco parecido al que traía Beccaria que se encontraba manchado de rojo y se lo dejó en la cama para que se cambiara. Luego él salió de la habitación dejándola sola. Ella se desvistió rápidamente y se puso el vestido nuevo, luego sin perder más tiempo siguió las instrucciones de Jenkinson introduciendo un dispositivo externo al ordenador de DiMarco, una vez conectado García se encargaría del resto. Toda la información de esa computadora García la traspasaba al ordenador central de la ASI, tardaría cuatro minutos y contando. Ella esperaba que nadie ingresara mientras tanto. Continuó abrochándose el vestido, cuando se asomó por la puerta el dueño de casa para preguntarle si estaba bien, ella intentando tapar con su cuerpo el ordenador le dice que el vestido le queda un poco apretado, si tuviera otro que no importaba si fuere de otro color. DiMarco volvió a cerrar la puerta tras de si y mandó a pedir un nuevo vestido para la joven. Ella suspiró, logró terminar de transferir todo, retiró el dispositivo, lo puso en su zapato, se alejó del ordenador y volvió a la puerta a esperar el otro vestido. Esta vez llegaba la sirvienta con uno de color azul marino. Se lo puso, le quedaba perfecto, luego llegaba denuevo con unos zapatos de gamuza azules para combinar el vestido; tras quedar como nueva, salió del brazo de DiMarco por la puerta de entrada. Antes de salir García volvió a apagar los internos; los que encendió unos segundos después.
 
            Ulrich se acercó a Beccaria y le dice que donde se había metido, con toda amabilidad y amorosidad. Todas las intenciones galanteras que pudo haber tenido DiMarco se habían esfumado al entender que la joven tenía esposo. Ulrich se presentó luego con DiMarco, hablaron por espacio de algunos segundos respecto de donde provenían y como consiguieron invitación a la cena. Folch pudo responder sin contratiempos y contradicciones a todas las preguntas de su interlocutor; al finalizar, se despiden y Folch se retira de la fiesta junto a la agente Beccaria. Galway saldría media hora más tarde de la cena.
 
Cuartel General de la A S I
Agencia de Seguridad Internacional, Nueva York
24 de Septiembre de 2005
09:26 horas
 
            -“¿Qué tenemos?”, preguntó el nuevo director de la ASI, Henry D’Aviano, ante los agentes que habían viajado a Italia, junto a los demás que se quedaron revisando uno a uno los documentos que se transfirieron del ordenador de uno de los principales líderes de la organización La Mafia.
            -“esperaba que ustedes nos dijeran más”, dijo Folch, argumentando luego que no obtuvieron mucha información, ya que se dedicaron a enviarla de inmediato a Nueva York sin revisar nada.
            -“señor, tenemos varios documentos importantes”, interrumpió García una pequeña pelea verbal que se iba a iniciar entre Ulrich y su suegro.
            -“continúa”, dijo tajante el director D’Aviano.
            -“hay un listado de agentes de la Europool que colaboran con La Mafia, tenemos además algunos posibles blancos de atentados colectivos, sin embargo no hay nada de atentados a personalidades en particular. Hay además títulos de propiedades que se dispersan por toda Europa, desde Ucrania a Portugal”, terminó de comentarles la agente técnico Jennifer García.
            -“y tenemos un grave problema ahora mismo”, dijo el agente Jack Barrow, quien se había quedado fuera de la reunión pues investigaba un asunto de fechas y lugares para buscar posibles atentados.
            -“¿qué ocurre?”, preguntó el agente Folch.
            -“uno de los primeros atentados es hoy, en Estados Unidos, estado de Alabama, en pocos minutos”, dijo Barrow.
            -“¿cómo lo sabes?”, preguntó Jenkinson.
            -“las palabras: Madison, Alabama, Bus, Bomba, 09:30, 09/24/05, creo que son palabras claves para entender que en estos momentos una bomba se hará explotar en un bus en el sur”, dijo Barrow al tiempo que D’Aviano encendía la televisión.
            CNN no entregaba ninguna noticia oficial al respecto, estaban transmitiendo una conferencia de prensa del pentágono respecto a la guerra en Irak. García ingresó nuevamente al salón y les dice: “señores, la señal del FBI dice que hay un bus con rehenes en Madison, Alabama”, todos se miraron y Folch preguntó: “¿exígen algo?”, a lo que recibe como respuesta de García: “dice que quieren que el gobierno norteamericano libere a Angelo Falcone, principal líder de La Mafia, que se encuentra privado de libertad en una cárcel federal en Illinois”.
 
            Henry D’Aviano ordenó de inmediato viajar hasta Alabama a negociar a los agentes Jack Barrow y Marcus Jenkinson. Ulrich se ofreció a acompañarlos. Henry aceptó de inmediato, si Ulrich quería colaborar contra La Mafia lo dejaría hacer lo que quiera, mientras no intente entrometerse con Facción 13 nuevamente. Mientras tomaban el jet de la agencia, D’Aviano se comunicaba con el director del FBI del estado de Alamaba, a quien le comentó que iban camino a Madison los mejores agentes y negociadores de la ASI, para que les cedieran el caso. Sin embargo, Ulrich no salió junto a Barrow y Jenkinson; antes de salir fue hasta el despacho de García y le preguntó como se apagaban los internos, ella le explicó la forma de hacerlo de manera manual, le agradeció el director adjunto y salió raudo tras Jenkinson y Barrow. Cuando iban en el ascensor, Ulrich le dice a Marcus: “desconectaré mi interno, no le digan a Henry que no voy con ustedes a Madison, debo encontrarme con Hamani”, Jack le observó con cierto rostro de duda, no entendía lo que ocurría, Marcus le dijo que se lo explicaría más tarde, luego de aceptar lo que Folch le había solicitado.
 
            Jenkinson y Barrow abordaron el jet para Madison, mientras Folch se trasladó en su vehículo particular desde el estacionamiento del cuartel central hasta la quinta avenida, donde le esperaba el agente Jahel Hamani.
 
Madison, Alabama
24 de Septiembre de 2005
11:14 horas
 
            Llegaron al lugar los agentes Jenkinson y Barrow, observaron el lugar. El detective Georg Cormwell, del FBI a cargo de la situación le explicó lo que sucedía al agente Jenkinson, quien asumió las riendas de esta toma de rehenes por parte de La Mafia.
            Jack tomó fotografías del bus instalado en medio de un cruce muy transitado de la ciudad de Madison, por calles que ahora estaban cortadas por las autoridades locales. Envió estas imágenes digitales a García para que las procesara y buscara algo que les ayudara. Marcus tomó el teléfono del agente Cromwell y se contactó con los terroristas. Ellos exigían claramente la liberación de uno de los principales líderes de La Mafia, Angelo Falcone; tras algunos segundos en contacto con ellos Marcus pudo definir que eran de origen italiano y los efectivos tecnológicos del FBI triangularon la señal de la llamada y no se encuentran a bordo del bus, pero lo monitorean desde algún lugar, pues saber perfectamente quien llega, quien se acerca o si se mueve algo.
            -“señor, nos avisan que la llamada no proviene de a bordo del bus, no están en él”, dijo uno de los detectives del FBI.
            -“es imposible que en el bus no haya ningún terrorista”, respondió tajante el agente Jenkinson.
            -“¿por qué está tan seguro?”, preguntó Cromwell.
            -“si los rehenes estuvieran solos intentarían salir como fuera, a menos que alguien los amenace para que no se muevan, de lo contrario ¿cómo saben que no deben moverse?”, respondió calmadamente Marcus Jenkinson.
            -“señor, llegaron las imágenes de la NSA”, dijo Jack Barrow, haciendo a un lado al agente Jenkinson para enseñarle las fotografías del satélite tomadas por la agencia nacional de seguridad.
            -“¿imágenes de la NSA?”, preguntó el agente Cromwell.
            -“necesitamos de una visión satelital de lo que ocurre al interior del bus”, volvió a respondar con toda paciencia el agente Jenkinson.
            Tras observar las imágenes recien llegadas, Barrow le muestra a Marcus que al interior hay al menos una persona armada con una ametralladora u otra arma de calibre similar, junto a él están doce rehenes, cuatro de ellos son niños. En ese instante Marcus toma el megáfono y le pidió a los terroristas que porfavor dejaran libres a los niños, que si hacían eso sería mucho más fácil acceder a sus peticiones, siempre y cuando mostraran algún tipo de compasión con los rehenes de a bordo del bus. Pasaron algunos segundos, todos estaban espectantes a lo que ocurría en ese cruce. Un detective se acerca a Jenkinson y le dice que del interior del bus no hay señal que contacte al terrorista de a bordo con los que están exigiendo, por lo que ellos deben estar monitoreando por otros medios a los detectives. Jenkinson observó a todos lados y luego vio en el cielo helicópteros de canales noticiosos norteamericanos y otras agencias de noticias internacionales, eran al menos seis los helicópteros. Ordenó de inmediato que los retiren, que los terroristas están monitoreando todo por televisión gracias a los noticieros, que los saquen del aire; en pocos segundos unos helicópteros del FBI comenzaron a dispersar a los periodistas del aire creando un cerco bastante amplio sobre el bus donde se impidió el tráfico aéreo. Casi al instante, las puertas del autobus se abrieron y bajaron los cuatro niños, los cuales corrieron en dirección a Jack Barrow, que se encontraba a unos pocos metros del bus.
            Jenkinson comenzó a agradecer por medio del altoparlante a los terroristas el acto de liberar a los niños, les explicó que se está trabajando para liberar a Falcone de la cárcel de Illinois, que otra muestra de compasión más y podrían lograr lo que exigen, es necesario que liberen a las mujeres y ancianos. Pasaron en silencio algunos segundos más, esperando la compasión de los terroristas. En esos momentos un vehículo negro llegó aceleradamente al lugar, era una camioneta con patente del gobierno. Se bajan de la camioneta dos agentes vestidos de negro con lentes oscuros. Se acercaron de inmediato a Jenkinson, se presentaron como agentes del servicio secreto, Sutherland y Greenaway.
            -“señor, ¿de quien fue la idea de sacar a la prensa del sector?”, preguntó Greenaway.
            -“mía, creo que los terroristas estaban monitoreándonos desde televisión”, respondió Marcus Jenkinson al servicio secreto norteamericano.
            -“bien pensado, pero no por ese motivo, sino porque el bus explotará de todas formas, ellos no están pensando en liberar a Falcone, saben que es imposible, buscan publicidad para que el próximo atentado si obedezcan sus órdenes, pero para tener publicidad tiene que haber prensa al momento de volarlo”, explicó el agente Sutherland.
            -“saquen a todos los periodistas en un rango de un kilómetro”, gritó Jenkinson a todos los agentes del FBI que se encontraban en el lugar.
            Un despliegue masivo de agentes del FBI retiró de las calles aledañas a todo reportero gráfico que se encontrara en el lugar, los helicópteros fueron obligados a bajar del aire. Jenkinson encendió un televisor de una de las camionetas del FBI con algunos aparatos tecnológicos y se dio cuenta que los noticieron ya no tenían imágenes del lugar del bus. Sin embargo, en unos segundos, las cámaras de vigilancia de las calles, que enfocaban directamente al bus y que poseía un circuito cerrado para el departamento de policía local, comenzó a ser transmitida por CNN, como si alguien le hubiese enviado la señal de las cámaras al canal televisivo. Jenkinson observó esto y cambió su mirada de inmediato hacia el bus, el cual abrió sus puertas para dejar salir a los ancianos, Barrow estaba muy cerca, Jenkinson le gritó que se alejara, se dio cuenta que el bus volaría en mil pedazos, Jack retrocedió algunos pasos al oir el grito de Marcus y el bus estalló a penas puso un pie en el suelo la primera anciana que bajaba. Todo voló por los aires, una inmensa nube de humo cubrió el cruce de las calles principales de Madison, los vehículos estacionados en torno al bus rodaron por algunos metros. Los vidrios de los automóviles de la policía y el FBI se reventaron. Jenkinson solo cerró los ojos al ver explosar el bus.